Aprender a Caminar en La Oscuridad
Por: El Pesimista
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| Fuente: Alexandro Valcarcel |
Muy temprano se escuchaban las expectativas sobre el futuro
de nuestro país, el futuro de todos nosotros…
Un futuro que, a decir verdad, pocos lograban entender.
Había muchas posibles consecuencias, y todos los
‘especialistas’ buscaban ‘el mal peor’; algo que sea lo más razonable posible,
sobre un futuro que, a todas luces, no era nada alentador.
Llegaba el presidente al congreso y el Perú dejaba todo de
lado para ver, cual niño en medio de un divorcio, decidan su futuro por él.
Ya no importaba la lucha contra la corrupción, ya no
importaba la inseguridad ciudadana. ¿COVID-19?, ¿Quién te conoce? Vizcarra
entraba al congreso, sereno como siempre; con una calma que, llegados a este
punto, luce siniestra.
Llegó el momento, todos presentes, todos atentos; unos en el
congreso, otros en su casa; unos levantándose para empezar su día, otros
luchando por sobrevivir…
“Confío en la madurez, en la prudencia y la
responsabilidad de los parlamentarios y las bancadas que creen y apuestan por
la democracia”. Martín Vizcarra
En un discurso que sacó roncha a todo el congreso; con
verdades tan blasfemas en medio de un poder que lleva como religión una “ética
intachable e infranqueable”.
Menos de una hora después el discurso terminó, tomando un
tono utópico y casi celestial esa posible coordinación entre ambos poderes.
Con la misma vino y se fue. Lo que vino después fue una
caldera que poco a poco empezaba a hervir. Combinándose el naranja con el
amarillo; el morado con el verde; el negro con el azul… Tiñéndose el recinto de
un carmesí tan intenso como la ira guardada por ‘ese gigante que arrullan
sus anhelos’.
Empezó el debate. Un
debate que a todas luces tenía una finalidad cuasi maldita… como una traición; una traición tan
democrática que hasta causa risa.
Ya de poco importaba las razones causantes de esta
situación. Si no eran sus campañas de vacunación, era su “NULA REACCIÓN ANTE LA
PANDEMIA”; pasando por cómo vestía y por qué fue con su abogado si no llegó de
hablar. A estas alturas hiciese lo que hiciese habría sido tomado en su contra.
Esos jueces que, con tan solo escucharlos uno se sentía mal
por vivir en “El país que peor manejó la pandemia”. Una descripción tan
apocalíptica, digna de una película sobre el fin del mundo; llegando al punto
de preguntarse si “Vizcarra es el responsable absoluto de lo jodido que
está el Perú”.
Terminó el debate, luego de 5 horas de apuñalamiento
continuo a ese “hijo que juraron defender”.
Voto a voto, jurando por sus provincias, por sus paisanos,
por el bien de nosotros, por el bien de todos… ¡Por el bien del Perú!
Esos 87 votos que se necesitaban, se convirtieron en 90,
100, 105…
“¡Se aprueba la vacancia por incapacidad moral!”
Algo que no parecía llegar a suceder después de una primera
vacancia, sucedió. De los caminos menos accidentados que podríamos haber
elegido, elegimos el peor… un camino oscuro donde caminar un paso es un gran
logro, donde no sabemos lo que nos esperan.
Lo sucedido luego es historia, con unos chispazos a lo que
sucedió el año pasado.
La fecha del inicio de lo incierto: la mañana después de la
vacancia, 10 a.m.
La gente se juntó, se expresó, se unió; algo que solo el
fútbol podía lograr. Una ira cargada y desatada en cada persona que alzaba su
voz de protesta. Una ira que se imprimió en un puñetazo vandálico a uno de
“nuestros padres”. La policía no se abastecía con tremenda muchedumbre, unos
protestando en contra de la decisión, otros a favor, en fin, una polarización
total, como tantas veces nos hemos dividido.
La noche terminaba con el pronunciamiento de un vacado
Martín Vizcarra, que trataba de reír para disimular su tristeza, y que hablaba
despacio para evitar quebrarse. Se lo sentía cansado, tirando la toalla,
imposibilitado de poder tan solo siquiera alzar su voz en contra. No iba a
seguir peleando, con un golpe de esos que no te dejarán levantar ni 10 ni 20
segundos después.
Así terminaba un 9 de noviembre caótico, con personas
protestando con una impotencia e incertidumbre generalizada. Con un 9 de
noviembre que no deja de ser el preludio de lo incierto que se ve el mañana. Un
9 de noviembre que con un sopapo nos sacudió la conciencia de SABER VOTAR.


Estamos cerca a las elecciones. ojala esta vez sepamos VOTAR.
ResponderBorrarEl recuerdo de aquel día crucial, solo nos lleva a la reflexión de que este 11 de abril, llevemos a cabo un voto consciente, un voto responsable.
ResponderBorrarRealidad hecha literatura, definitivamente un artículo que expone el sentimiento de muchos en ese momento.
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